t i c t a c
Me quité el reloj hace más de dos años.
Sentí que mis caminos tenían la estructura de una regla. Un reloj en la muñeca invita siempre a mirar en qué punto de la escala uno se encuentra. ¿Qué hora es? ¿Dónde estoy? ¿Cuánto tiempo tendré para llegar, para un café, un beso, una siesta? El día desfila medido, organizado en tareas, objetivos; minúsculos instantes fragmentados los unos detrás los otros como soldados. Soldados al tiempo. Cada segundo se siente como un peso que separa, cada minuto como una jaula que se estira, cada hora como una ancla que adormece la experiencia y que siempre nos recuerda la presencia de un borde.
Son-las-cuatro-me-voy-me-tengo-que-acostar-temprano-mañana-a-las-seis-tengo-que-estar-de-pie-son-las-once-tengo-que-comer-es la-una-date- prisa-no-tengo-tiempo-
El reloj manda y el cuerpo sigue.
¿podemos acaso hacer el amor con un reloj en la pared mirándonos?
Me quité el reloj como un acto de rebeldía interna. Creo. Y digo creo porque no recuerdo cuándo exactamente mi muñeca se desprendió de mi grillete. Sé que fue un acto carnal. Recuerdo que el peso de mi reloj estaba integrado a mi piel como lo suele estar una buena prenda. El cuero olía a mi. Es más, ahora que lo pienso, había llegado a sentirme desnuda sin mi reloj puesto en su lugar, al lado izquierdo en mi cuerpo, centinela casi tatuado. Estaba tan integrado que la incomodidad traducida en peso que un día mi reloj me causó y que pidió contundente el alivio, me paralizó. Me picaba. Sí, fue mi muñeca asfixiada que exigió el 'quítatelo'.
el cuerpo es la única parte de nuestra totalidad que vive en el tiempo presente
Lo hice por par de horas primero. Lo guardaba en mi bulto y lo consultaba solo cuando lo necesitaba. A veces me lo volvía a poner, leal al rito y al peso que había adquirido el cuero sobre mi piel. Leal también a las agujas en mi retina acostumbrada al goteo de sus movimientos.
Empecé a sentir las horas marcadas como a un viejo amante. Un amor que ya no despierta asombros pero que con el tiempo ha hecho mella por costumbre y permanencia.
Hoy veo la imagen. Yo adherida al reloj con una cadena invisible que a su vez estaba pegada a una bola de hierro que a su vez estaba en un cuadrado y yo, dentro, fiel.
Ese tiempo me pesa y me limita. Fui su presa siempre de prisa. En carrera contra él. El cronómetro es la zanahoria frente a la liebre. Una trampa que nos mantiene moviéndonos hacia algo invisible e inalcanzable. Y la ansiedad entre los segundos se estira.
estás tarde. hace una hora que espero. tengo que entregar este trabajo mañana. estoy atrasada. nunca lo lograré
Cuando me quité el reloj fue como bajarme de un tren que me llevaba a un rumbo genérico (¿o genético?). Un lugar que no escogí, sino por el cuál fui escogida en contra de mi voluntad. Una ambición de llegar a hacer algo. De ser algo.
Cuando me bajé del tren fue como ver una puerta al fondo del escenario.
En plena función, en pleno diálogo, la abrí y me escapé.
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Si me tengo que levantar a una hora específica me despierto medio minuto antes que el despertador suene. Por más que me esfuerce por llegar tarde a algún lugar, estoy a tiempo o antes. Tengo una precisión innata en mi conciencia: un vigía que cuida mis deberes. Un sin esfuerzo.
Mi ritmo natural es lento. A veces se siente como una parálisis. He tenido que aprender a confiar, a no desesperar ante la aparente inmovilidad. En mi quietud hay un movimiento que nace. Se hace. Si espero y lo respeto sin exigirle otro compás que el suyo, si me doblego a mi misma, si me dejo, me lleva siempre a puerto seguro, a la acción precisa, a la cita adecuada.
Me escucho por dentro sin una regla que me dice, es hora, ahora, decide, escoge, corre, hay prisa, te vas a perder de algo, tienes que vencerle a las horas, dale, camina, muévete. No hay tiempo que perder.
Esta voz todavía me atormenta y descubro en mi lentitud, el miedo.
El tiempo libre se expande. Es agua, se escurre entre las manos. Es líquido. Se estira y se hace eterno o se encoge y como el pícaro, desaparece . El tiempo es como un mar. Un viaje sin rumbo. Un sin regla ni medida que te puede llevar a cualquier lugar.
La libertad es complicada.
Es más fácil seguir la línea. Rellenar el espacio delimitado. Quedarse de este lado del borde. Saber lo que va a ocurrir porque lo tienes bien medido, bien planificado. O porque te resignas a la medida ajena.
Del otro lado de la línea las dudas se hacen enormes. Los pasos son diminutos y cautelosos en un espacio amplio y abismal. Las decisiones se agrandan y perderse es más seguro que hallarse. El tiempo abierto es un laberinto.
me siento como Alicia. cuando crucé me ví en el reloj blando de Dalí y no tuve marcha atrás
*****
Todo viaje necesita su estrella. Una brújula que marque el norte hacia dónde mirar. Sin ella el tiempo es como una espiral despiadada que arrastra como la ola y lo lleva al fondo de uno mismo, desorientado.
Mi estrella es la que marca firme mis pasos en mi tiempo sin relojes.
Sobre ella escribo otro día.
Por ahora, aquí la pueden ver.

comentarios
Eu, paloma, que bueno! Me siento profundamente identificado con tus palabras, con tu rebeldía, con tu ser sin líneas. Gracias.
escrito por: Joshua | Junio 5, 2006 08:19 PM
Eso es, Paloma.
Ahí surcando el cielo
y dejando estela a tus espaldas!
Inúndanos de Poesía, Belleza y Verdad,
que de eso se alimenta el mundo y todos los que en él habitamos.
Un abrazo desde lo profundo,
Esther
escrito por: fReYa | Junio 5, 2006 10:52 PM
Hola Paloma, yo también me quité el reloj hace tiempo por comodidad de no llevar nada en la muñeca y ya con los móviles no hace falta llevarlo. A mi el tiempo se me hace infinito cuando me siento mal, un segundo es como un año pero cuando estoy feliz no existe; no me enroolo mas, un abrazo
escrito por: ale | Junio 6, 2006 05:01 PM
Hace como 3 años que se me rompió la correa del reloj, y como quería una iguial y no lo encontré, pasé de el (esa es la verdad) y me acostumbre a no llevarlo, y me gusto muchooooooooooooooo sentir mis muñecas desnuditas...sin rozamientos bruscos
( pero los horario marcados son los mismos, que putada... )
Y el caso es que Si!, me encanta no sentir el tiempo pasar...(el que se puede claro) pero para una despistada como yo, hace que mi desastre aparente sea mayor, sobre todo para alguna que otra vecina de esas muy,pero que muy puntuales
compañeras de destino....
que mientras se regodean de mis faltas horarias, mis mecanismos de defensa se crecen y recrean, dando paso a respuestas cada vez mas espontáneas y creativas si cabe...
hayyyyyyyyyyyyy el tiempoooooooooo
TIEMPO! SE ACABO
un Musu preciosa
escrito por: Myriam | Junio 6, 2006 07:20 PM
Bello!
YO llevo dos meses sin reloj, nunca creí que podría vivir sin el, mas allá de un par de dias........a lo tonto llevo más.
Es una sensación rara, y a la vez agradable,ha sido cosa de probar y no lo echo en falta.El cuerpo es sabio y conoce sus ritmos, será por eso que vivo como si lo llevara encima.
escrito por: Gatazul | Junio 6, 2006 08:49 PM
Paloma:
Mis relojes siempre se dañan...sin importar mucho el precio que costaron...sé que eso quiere decir algo...pero no sé si es que mi química natural es mucho más acelerada que el reloj- que lo hago explotar de tantas partículas en movimiento que por mi circulan...eso paraliza a los relojes, se confunden...se paran.
Enfin, cuando ese tiempo del tic/tac no está más...sé que es absurdo comprar otro reloj (confieso que sólo me tientan los relojes en los duty free de los aereopuertos-donde he comprado mis últimos tres relojes que se han danado enseguida o perdido para siempre- y el que se perdió era super chulo- tenía una luz que podías prender en el cine o en la oscuridad y saber la hora...)
besos,
P
escrito por: Puchi | Junio 7, 2006 04:14 AM
Puchi querida
Tu velocidad es maravillosa. Eres un tiempo único.
Será que el areopuerto es un lugar sin tiempo y sus relojes ilusoriamente más seguros?
Me encanta la imagen.
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Añado una cosa que me dijo mi prima cuando leyó tic tac:
En Africa dicen: el 'blanco' tiene el reloj y nosotros el tiempo.
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Besos a todos!!!!
escrito por: paloma | Junio 7, 2006 01:08 PM
Paloma!!!
Me encantó tu manera de expresarte!
Generalmente,el sacarse el reloj es un símbolo,un acto psicomágico de liberación,pero..
Sólo puede ser libre quién sabe ser dueño de si mismo,quién respeta la libertad de los demás,quien sabe cumplir con pactos,proyectos,horarios,
etc.
Y para eso hace falta,a veces,también el reloj,y un almanaque!
Yo también dejé de usar el reloj pulsera,porque no es cómodo,y porque tengo la hora en el cellular.Pero en mi casa,hay un reloj en cada pared!Y los respeto!
Y ESO ES LO QUE ME PERMITE SER LIBRE!!
Un beso,y sigue escribiendo,que lo haces maravillosamente lindo.
escrito por: Silvia Aber | Junio 7, 2006 01:42 PM
Este aparato, en un vano intento de robarle protagonismo a los textos, se empeña en decir a qué hora fueron plasmados...
Termina el artículo de Paloma y qué es lo primero que dice?:
"ESCRITO A LAS 05:18 PM.!"
Bueno, sólo bromeaba.
Abrazos.
escrito por: Prisco | Junio 9, 2006 09:47 PM
Pris!
Bravo.
escrito por: paloma | Junio 9, 2006 11:23 PM